sábado, 30 de abril de 2011

Gestión del Estado y PBI en el tema de las sobreganancias mineras

La minería peruana logró captar inversiones por más de dieciocho mil millones de dólares en los últimos quince años, lo que le ha permitido crecer a una tasa superior a la del PBI nacional.
Ciertamente el PBI minero peruano creció en 260 por ciento en las últimas dos décadas (Su crecimiento fue superior al PBI nacional que logró crecer 135 por ciento desde 1990), impulsado por las mayores inversiones que ha habido en el sector.
La minería representa más del sesenta por ciento de las exportaciones totales del país y más del cuarenta por ciento del Impuesto a la Renta de Tercera Categoría que recauda el Estado.
El sector minero genera más de 128 mil empleos ocupados directos y 500 mil indirectos, y realiza compras anuales por un valor del orden de los 13,000 millones de nuevos soles en el mercado nacional.
Entre Enero del 2007 a Julio del 2010  se distribuyó entre los Gobiernos Regionales mas Gobiernos Locales la suma de dieciséis mil trescientos treinta y seis millones de nuevos soles.
Todo esto y más es lo que ha trascendido como cifras sin llegar al detalle de la auténtica situación en que se encuentra el sector minero.
No llegar al sinceramiento de información que rodea a los logros alcanzados permitió un distanciamiento entre la minería y la mayoría de una población peruana que no se siente partícipe de los beneficios propalados.
Por ello, causa sorpresa en algunos actores sociales saber que en los últimos años existe una contracción del PBI minero, pues difiere de la información generalmente aceptada por la población peruana.  (% PBI MINERO (Var%real) : -1.4 (2009) y -4.9 (2010)).
En este contexto, decir que el indicador de la evolución negativa del PBI minero resulta ser un efecto de las causas ligadas a la cada vez mas crecientes limitaciones existentes en la exploración y explotación minera, no resultaría ser un exceso.
Recordemos que Perú posee una riqueza geológica que brinda múltiples oportunidades de inversión y que a la fecha sólo el 1.3 por ciento del territorio nacional se usa para desarrollar trabajos de exploración o explotación minera, cifra que se mantiene casi sin mayores progresos en el tiempo, pese a que las áreas concedidas a la actividad minera representan 13.8% del territorio nacional.
En esencia lo consiguieron: el debate de la sobreganancias mineras está en el nivel de la decisión de grupos políticos que virtualmente tomarán la administración del país, pues hicieron eco de una buena parte de la población creyente que echando mano de estos fondos resolverán los problemas inherentes a la canasta familiar.
No estuviéramos escribiendo de esta forma si no hubiera un número significativo de peruanos  que piensan que con la sobreganancias mineras se puede financiar gran parte del presupuesto del país.
Todo ello sin perjuicio de conocer que el aporte de la minería a la economía peruana nacional es importante, pero que sin embargo sólo equivale al 6.4 % del PBI nacional.
Surge entonces la pregunta respecto al comportamiento y justo tratamiento de los otros sectores estratégicos en su aporte al PBI para el desarrollo nacional. 
La prensa lo sabe y lo explota. Aquellos a los que se les supone oficio para seleccionar la información, para acreditar su veracidad y no dar pie  a rumores sin fundamento.
Primó entonces el discurso mediático sustentado en que los precios internacionales de los metales se han disparado y con ello las ganancias y la rentabilidad de las mineras han aumentado en grandes dimensiones, por lo que el Estado tendría legítimo derecho a una participación proporcionada.
A la inadecuada comunicación entre el Estado peruano, los mineros y la mayoría de la población en lugares sin tradición minera, se le incorpora su deplorable gestión en  organismos competentes que no pudieron neutralizar a la burocracia insensible persistente en la administración pública. Podríamos revisar el manejo minero en Madre de Dios si quedara alguna duda sobre el particular.
Sin embargo, a medida que nos acercamos a identificar la causas de las demandas socio ambientales que se van incrementando en forma recurrente, llegamos a deducir que muchas de las situaciones existentes son ajenas al inversionista minero.
Resulta que el inversionista minero paga sus impuestos al Estado y estos no en pocas veces son utilizados adecuada ni oportunamente en las comunidades que sienten no percibir ninguna inversión social.
A este escenario se incorpora el hecho que desde Enero del 2007 a Enero del 2011, las mineras han depositado un mil setecientos setenta y seis millones de nuevos soles por aporte voluntario.
Lo antes mencionado podría contemplar una elevada carga ideológica confrontacional , pues involucran posiciones encontradas respecto a externalidades provocadas por el tema de la contaminación actual generada por la actividad minera o los pasivos ambientales y el tema de responsabilidad social.
Las compañías mineras contribuyen - además del pago de impuestos, canon, regalías, aporte voluntario - mediante proyectos de apoyo a comunidades aledañas a su área de influencia con infraestructura de servicios básicos salud, electricidad, educación, carreteras, saneamiento : agua potable y alcantarillado, etc, en el marco de su responsabilidad social empresarial. También contribuyen con su aporte a las universidades nacionales beneficiarias directas del canon minero. (Reciben el 20% del monto que perciben los gobiernos regionales para ejecutar investigaciones científicas y tecnológicas).
Sin embargo, no pueden efectuar acciones de gran escala que supondría sustituir la labor que le corresponde realizar al Estado.
Las solicitadas obras con gran impacto en la población, requieren además del procedimiento estipulado por Ley, de un tiempo de planificación y la concurrencia de voluntades de ámbito macroregional, por consiguiente escapan del área de influencia de una compañía minera en particular.
Cierto es que hay climas políticos como en el periodo electoral que favorecen la calumnia, el escarnio o la mentira, el clientelismo político y asistencialismo favoreciendo el incremento de la corrupción y también cierto que los medios de comunicación a menudo favorecen que columnistas y opinadores expertos les hagan el trabajo sucio, suelten sesudos "análisis científicos" en aras de la libertad de expresión aquello que no se sienten impelidos a demostrar: es una opinión, ¡su docta opinión!.
Todo con tal de animar un espectáculo que sólo conduce a la toma de carreteras y lamentables muertes que se han producido con cierta frecuencia últimamente en nuestro país.
Para el mitificador de la minería cualquier argumento es válido para hacer daño y desviar la atención al terreno de las dudas y murmuraciones.
Los más burdos echan mano del insulto, los más sofisticados apelan a la filosofía o la ciencia para llegar a la misma conclusión, que hay un grupo de compañías mineras que se levantan en peso las riquezas del país y que no dejaran nada para las futuras generaciones. Que se acabarán o contaminarán el agua necesaria para los agricultores y por ende perjudicarán la calidad de sus productos y sus ganados.
El mitificador de la minería no suele rendirse. Si la duda ha sido resuelta técnicamente, si se demostrara que el inversionista no es responsable de las protestas ciudadanas y se llegara a un razonable acuerdo con la nueva administración del gobierno peruano respecto a los contratos, el mitificador contesta, ¡eureka!, ahora, habrá que averiguar si han pagado las multas por contaminación y el daño ambiental provocado desde los albores de la minería en territorio nacional; recordándonos épocas de bonanza de la economia peruana (Guano de la Isla,Caucho,Pesca,etc.) y cómo es que no supimos defender el patrimonio nacional.
Y aunque sea difícil creerlo para las personas racionales, los nuevos rumores tendrán su público, porque siempre hay público para la cosa facil, y no hay autoridad o evidencia que borre de la mente de un público sediento de echarle la culpa de los errores del pasado.
Sobre el presente, también es dificil creer que existirían más de cincuenta mil millones de nuevos soles que pertenecen a las regiones por canon y regalias mineras y que no son utilizados , encontrándose en tránsito hacia su destino final de la comunidad beneficiaria, ya sea porque se encuentran estacionados en el Banco de la Nación o Bancos Privados , o que el Estado no tiene la menor idea de donde invertirlos ante la ausencia de proyectos.
 

La ausencia de Proyectos en lugares carentes de servicios básicos 
generan en su lugar construcciones faraónicas con fondos mineros.

El sector minero peruano tiene una cartera de proyectos que supera los 46 mil millones de dólares que se deben hacer realidad en los próximos años, hacemos votos para que el interés por invertir en Perú subsista, asi como el concenso en mantener un cuidado ambiental estricto y no descuidar la agenda social pendiente para reducir los conflictos socio-ambientales producidos ante el crecimiento del sector minero visto como articulador con el desarrollo sostenible de las regiones mineras y el país en general.