Powered By Blogger
Mostrando entradas con la etiqueta resiliencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta resiliencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de marzo de 2026

La administración pública ante eventos climáticos extremos

Hoy 4 de marzo, en el día mundial de la ingeniería para el desarrollo sostenible comparto las siguientes reflexiones en momentos en que diversos gobiernos locales a nivel nacional del país de los Incas se encuentran en emergencia para fortalecer la respuesta del Estado ante intensas lluvias y a escasos 39 días para las elecciones generales de una nueva administración de la cosa pública en Perú.

Administración pública en 482 años

La administración pública en los tiempos del virreinato del Perú como máxima entidad territorial y administrativa duró oficialmente 282 años, pues después de crearse el virreinato en 1542, se activó administrativamente con el primer virrey en 1544; por lo que su duración administrativa efectiva fue de 280 años, comprendiendo total o parcialmente en su máxima extensión territorial (siglos XVI–XVII) a los territorios de seis países actuales en la región andina de sudamérica y a partir del siglo XVIII, su territorio se redujo ante la creación del virreinato de Nueva Granada (1717) y el virreinato del Río de la Plata (1776).
Desde entonces, la administración pública del virreinato del Perú quedó concentrado principalmente en los actuales Perú y Bolivia, hasta su desaparición en 1824.
Constituye un hito la conmemoración de los 200 años de la independencia peruana su declaración de independencia en 1821  y la consolidación de su libertad en 1824; motivo por el cual se estima en libertad hasta la actualidad la vigencia de 202 años en que esta fase de la administración  pública participó en el proceso de crecimiento y desarrollo del país.

Periodos de retorno de los eventos climáticos

Registros históricos arqueológicos y sedimentológicos de efectos climáticos ocurridos en el periodo colonial sobre la costa peruana asociados con el fenómeno El Niño, caracterizado por intensas lluvias, grandes avenidas e inundaciones, fueron anotados en apuntes no instrumentales desde el año 1578, seguidos en 1607–1608; 1619–1620; 1630–1631; 1650; 1671; 1687 ; 1701;1720;1728;1761;1784–1785;1791.
Durante el periodo republicano temprano (siglo XIX), se registraron en los años: 1803–1804; 1828;1844–1846;1857–1858;1864;1871;1877–1878;1884–1885;1891.
Asimismo en el periodo instrumental temprano (1900–1950) se suscedieron en los años : 1902;1905–1906;1911–1912;1918–1919;1925–1926; 1930;1932;1939–1941 y en el periodo instrumental moderno (1950–2000) las anotaciones datan de : 1951;1953;1957–1958;1965–1966;1969–1970;1972–1973;1976–1977;1982–1983;1986–1988;1991–1992;1997–1998.
Al llegar el Siglo XXI , con el soporte de equipos e instrumentos de alta confiabilidad científica se obtuvieron registros en los años : 2002–2003;2004–2005;2006–2007;2009–2010;2014–2016 ;2017–Niño Costero; 2018–2019;2023–2024, 2026.
De la misma manera, eventos extremos de sequías constituyen una característica repetitiva del espectro climático peruano durante milenios, habiéndose registrado en el último medio siglo, eventos con intensidades de moderada a extremadamente seco en departamentos andinos para los años : 1982,1983,1985,1987,1988,1990,1992,2004,2005 y 2016; considerando que su impacto está en función a la capacidad de gestión del agua. 
Registro histórico y sedimentológico de efectos climáticos en el desierto de Nazca
Entrando en contexto, es una verdad irrefutable que en territorio peruano, tanto en la antigua como en la nueva administración pública , tuvieron que gestionar los impactos climáticos y en la medida del avance científico, es posible establecer rangos de ocurrencia y patrones probabilísticos que hacen posible que la administración pública no actúe reactivamente ante intensas lluvias o sequías severas , ya que es perfectamente posible prevenir y gestionar el riesgo de ocurrencia con rangos aceptables para los eventos extremos. 

Gestión del recurso agua

En la época preinca, los mecanismos utilizados para captar agua de la escorrentía subterránea en ríos estacionales de la costa desértica fue mediante puquios, reservorios y canales; en tanto que en la zona alto andina de la sierra, fueron usadas las qochas,amunas,waru waru y andenería. En la época Inca se perfeccionaron las terrazas agrícolas con andenes, la siembra y cosecha del agua mediante amunas, el uso de reservorios alto andinos y camellones  o waru waru, así como los sistemas de drenaje; todos ellos en el marco de un modelo de gestión de riesgo climático integrado a la estructura política y administrativa del Estado. 
Así,en el tahuantinsuyo al gestionar sistémicamente la ecuación tierra y agua, se relacionaba con el clima anticipándose a eventos extremos,distribuyendo su impacto territorialmente,de tal manera que el suceso producido se amortiguaba y compensaba socialmente.
Durante el virreinato, la gestión del agua pasó del modelo territorial integral andino a un modelo jurídico productivo colonial, convirtiéndose en un recurso económico estratégico, regulado y su uso concentrado en haciendas y centros mineros.
En la época republicana, la gestión del agua discurrió de un modelo agrícola-sectorial hacia un modelo legal, institucional y técnico especializado integrado por cuencas.
Así, los instrumentos jurídicos y normativos se dieron a través del código de aguas de 1902, la ley general de aguas de 1969 y la ley de recursos hídricos de 2009; los instrumentos institucionales que cuentan con las empresas prestadoras de servicios supervisadas por el organismo regulador, los consejos de recursos hídricos de cuenca y la autoridad nacional del agua; los instrumentos técnicos y de planificación con los planes de gestión de recursos hídricos por cuenca, estudios hidrológicos y económicos ; los instrumentos de infraestructura hidráulica mayor conformado por los proyectos de trasvase e irrigación como Choclococha de Huancavelica-Ica (1950), Chira-Piura (1970), Majes-Siguas (1980), Olmos del río Huancabamba al río Olmos (2000).Un tratamiento especial se identifica en la infraestructura de trasvase alto andinos de Marcapomacocha para la capital del país - Lima.
Los precitados proyectos de trasvase fueron acompañados entre otros por represas y reservorios para la costa como : San Lorenzo (Piura-1958), Tinajones (Lambayeque 1968),Poechos (Piura-1978), Condoroma (Arequipa-1985), Gallito ciego (Cajamarca-1988),Chavimochic (La libertad-1997),Limón (Lambayeque-2009).
A lo largo de este proceso, la administración pública coadyuvó en los esfuerzos para controlar avenidas y sequías; regular caudales, mantener el caudal ecológico, expandir la frontera agrícola, general energía, entre otros y en estricto  gestionar el riesgo climático mitigando los fenómenos meteorológicos,atmosféricos e hidrológicos que se presentan a nivel nacional en sus 159 cuencas hidrográficas.

Desafíos de la nueva administración pública

La gestión de la nueva administración pública en Perú,supone grandes desafíos con agenda pendiente por atender frente a los eventos climáticos extremos que las sociedades prehispánicas desarrollaron en armonía con la naturaleza.
Pese a que en la modernidad se cuenta con una combinación de avances científicos,tecnológicos y de gestión que permiten monitorear,predecir y mitigar el cambio climático asi como a los fenómenos el niño, el niño costero, la niña, entre otros; la desatención del impacto climático combinado sobre el crecimiento del PBI peruano en el periodo 2001-2026 es en el orden del 9 % del PBI acumulado.
Abona a obtener esta realidad la recurrente crisis política que influye directamente en la suficiencia del Estado, donde la inestabilidad institucional incrementa los impactos económicos y sociales derivados de la reducción en su capacidad de resiliencia climática.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Necesaria recuperación de bosques de protección en Perú

Algunas cifras

Existe la imperiosa necesidad de recuperar los bosques de protección en el país de los incas, considerando que actualmente el 53% del territorio peruano (68 Millones de hectáreas) está compuesto por bosques (húmedo amazónico, seco y andino), presenta esta nueva configuración en razón a que el bosque natural peruano, que hasta hace sesenta (60) años atrás cubría más de 77 millones de hectáreas, al año 2017 cuenta con 68.577.351 hectáreas de bosques, esto equivale a una pérdida del 12% de su extensión original; según cifras oficiales proporcionadas por geobosques del Ministerio del Ambiente del Perú. 
Si sólo localizáramos  la situación del bosque amazónico del lado peruano, identificamos que la extensión original de estos bosques fue de 73.1 millones de hectáreas (antes de la colonización europea alrededor del año 1750) pero ahora solo quedan 67 millones. 
La mayor deforestación ocurrió en las últimas dos décadas. Un total de 2 millones de hectáreas de bosques primarios ya no existen en Perú desde el año 2000, según refiere el informe del Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP por sus siglas en inglés). Las causas principales: minería ilegal, monocultivos, tala ilegal y construcción de carreteras.
Si a esto añadimos que de los más de 8 millones de hectáreas oficialmente deforestadas en la selva, se subutilizan en agricultura más de dos millones de hectáreas donde se elimina el bosque y a los pocos años después se abandona para migrar a otra área. En este contexto se estima que hasta el 60 % de los bosques que no fueron eliminados ha sido seriamente degradado por la extracción forestal selectiva, por caza o extracción abusivos, o por contaminación petrolera y minera. 
A mayor abundamiento, en el periodo 2001-2017 se perdieron 2.130.122 hectáreas y en la última década de este periodo se perdieron 1.5 millones de hectáreas de bosques nativos. Pero lo que resulta anecdótico ante la tendencia de reforestación mundial, es que en los últimos cinco años (periodo 2013-2017) se encuentren las mayores cifras anuales históricas de pérdida de bosques naturales en Perú : 177566 has. (Año 2014) ,164662 (2016) ,156462 (2015), 155914 (2017). 

Vulnerabilidad climática

No debería pues sorprender la calificación que realizan distintas instituciones mundiales respecto a la vulnerabilidad climática en el país de los incas, como es en el caso de Tyndall center de Inglaterra, que coloca al Perú en el tercer lugar de los países más vulnerables del planeta al cambio climático inmediatamente después de Bangladesh y Honduras.
Recordemos que la vulnerabilidad climática califica al grado de susceptibilidad de un territorio, que gradualmente varía según su exposición, sensibilidad, resiliencia y capacidad de adaptación al cambio climático.

Un problema de gestión

Es ampliamente conocido que Perú no cubre su propia demanda de productos forestales, siendo un importador neto pese a contar con millones de hectáreas de bosques. Pero este hecho no constituye el problema mas crítico si comparamos con las externalidades que se generan al haberse descuidado los bosques de protección en un país que presenta diversos pisos altitudinales con fuertes pendientes que son claves para el manejo de sus ciento cincuenta y nueve cuencas hidrográficas.
Ya expliqué en otros reportes anteriores que la mayor parte de los bosques naturales de la Selva Alta y muchos de los que están en Costa y Sierra no debieron, ni deben ser eliminados pues se encuentran en pendientes muy fuertes, altamente erosionables y porque generan fuentes de agua al captar y acumular el recurso hídrico. Preservarlos y recuperarlos no solo permitiría evitar desastres naturales que afectan vidas e infraestructuras sino que garantiza el abastecimiento de agua de calidad para las ciudades y agricultura de los valles, mantiene estable el caudal y el cauces de los ríos, controla la erosión e impactos por abrasión  y, también alberga gran parte de la biodiversidad y del potencial turístico del país. 
Pero los bosques de vocación protectora -el término incluye toda la vegetación natural como el caso de la caña brava y bambú- no se restringen a los que cubren las fuertes pendientes andinas. En suma, la función protectora del bosque y de la vegetación natural se extiende asimismo a las riberas de ríos, lagos, lagunas, vasos comunicantes, cabeceras de cuenca,etc.  Sin la vegetación protectora, la erosión y sedimentación son galopantes, generando ingentes y millonarias pérdidas económicas y de vidas anualmente al país. 
Bosque de protección con caña brava en selva alta peruana 

Escasa prevención en manejo de cuencas

Si tomamos a modo de ejemplo el año 2018; en Enero registramos la información que los gobiernos regionales de Áncash, Piura y Lambayeque, golpeados por El Niño costero del 2017-2018, ejecutaron menos del 70% de su presupuesto contra desastres; siguiendo esta tendencia, cerrando el año 2018 se mantiene la poca ejecución del presupuesto previsto para la reducción de vulnerabilidades y atención de emergencias pues sólo se ejecutó 60.9 % del presupuesto, que dicho en otras palabras, el Estado ha dejado de usar S/. 1.057 millones en prevenir desastres. Según información del diario El Comercio, la ejecución presupuestal en Tumbes (67.8%) , Lambayeque (46.9%) y Piura (38.7%), no lograron cumplir los objetivos previstos para la prevención.
De otro lado se tiene que un total de 317 distritos ubicados en nueve regiones de la sierra del país presentan un riesgo muy alto de afectación por deslizamientos, huaicos u otro tipo de movimientos de masa, tras el inicio de lluvias pronosticadas por el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología. Así lo advirtió el Centro Nacional de Estimación, Prevención Reducción del Riesgo de DesastresDe acuerdo al escenario de riesgos emitido por esa institución, el departamento de Áncash comprende 74 distritos en esa situación de riesgo, seguido de Cajamarca (68), La Libertad (50), Huancavelica (40), Huánuco (34), entre otras.
En estricto, las zonas identificadas como altamente vulnerables, coinciden con las áreas deforestadas donde se afectaron los bosques de protección en Perú; demandando su atención con el mejoramiento de la calidad del gasto en los presupuestos públicos. 

Agenda pendiente

Perú ha suscrito la iniciativa global que busca estimular la concientización y el compromiso de la rehabilitación de los ecosistemas boscosos para crear un enlace entre la mitigación, la adaptación basada en el uso de la tierra, y las iniciativas piloto que se desarrollan en siete países, ello implica el compromiso de restaurar 3,2 millones de hectáreas de tierras degradadas hasta el año 2020, a través de plantaciones productivas y recuperación de las funciones ecosistémicas.