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jueves, 9 de abril de 2026

Desarrollo humano bajo el modelo peruano en lo que va del siglo XXI

Como vengo sosteniendo hace décadas en diversos foros, desmitificar la minería en el Perú implica ir más allá del debate ligero sobre su impacto ambiental o económico, ya que el principal propósito es evidenciar que el verdadero desafío es humano e institucional.
En el modelo peruano, se ha asumido que la abundancia de recursos naturales y su redistribución vía presupuesto público serían suficientes para impulsar el desarrollo tanto en zonas urbanas como en rurales. Sin embargo, tanto la persistencia de la migración del campo a la ciudad, anemia,como el limitado acceso y disponibilidad de agua para consumo humano de millones de personas prueban todo lo contrario.
Es en ese sentido que el país no enfrenta un problema de falta de recursos, sino de incapacidad de gestionarlos y transformarlos poniéndolos en valor para generar bienestar.
No basta con tener cobre, oro, plata, zinc, minerales críticos para la transición energética o abundante agua dulce. Sin una estrategia que coloque al capital humano en el centro, que fortalezca el estado de derecho y que promueva la iniciativa privada, estos recursos seguirán siendo oportunidades perdidas. 
Es necesario construir un Perú donde la riqueza natural no continúe siendo una ilusión de desarrollo, donde el presupuesto público se traduzca en resultados concretos y donde el verdadero motor del progreso sea la persona humana.
Pérdidas con el RRHH por desconexión entre generación de riqueza y uso del gasto público.

El proceso seguido en el periodo 2001-2026

A inicios del siglo XXI, el Perú era un país centralista en términos políticos, económicos y fiscales. Su capital, Lima concentraba el orden del 50% del PBI nacional y hasta el 75% del presupuesto público. El resto del país giraba alrededor de una estructura donde la generación de riqueza y la toma de decisiones estaban concentradas en la capital.
veinticinco años después, el discurso oficial sostiene que el país avanzó hacia la descentralización. Sin embargo, un análisis comparativo entre la participación regional en el PBI, el uso del presupuesto público y la evolución de indicadores sociales críticos como la anemia infantil revela una realidad compleja y contradictoria.
En términos de producción económica, el país experimentó cambios importantes, pero no necesariamente estructurales. Lima sigue concentrando alrededor del 45% del PBI nacional, lo que evidencia una leve desconcentración, pero no una transformación del modelo. Algunas regiones incrementaron su participación, impulsadas principalmente por actividades extractivas y la agroexportación. 
Es decir, el crecimiento territorial del PBI no ha sido producto de una diversificación económica, sino de la expansión geográfica del patrón primario exportador.
La participación de Lima en el gasto nacional ha caído significativamente. Este cambio responde al proceso de descentralización con la creación de gobiernos regionales y la transferencia de recursos a través de mecanismos como el canon minero y gasífero.
En apariencia, esto sugeriría un avance hacia un país más equilibrado, sin embargo, la evidencia demuestra que la descentralización fiscal no ha ido acompañada de una descentralización productiva ni de capacidades de gestión en los territorios. 
Es al incorporar un indicador humano básico donde la paradoja se vuelve más evidente. 
A inicios del siglo XXI, alrededor del 72% de la población peruana era urbana y cerca del 28% residía en zonas rurales. Para el año 2025, esta proporción se modificó a más del 80% de la población viviendo en áreas urbanas, mientras que la población rural se redujo por debajo del 20%. Este proceso refleja una migración sostenida desde el campo hacia las ciudades, impulsada por la falta de oportunidades económicas, servicios básicos y condiciones de vida adecuadas en zonas rurales. Este despoblamiento rural es una evidencia de la frustrada construcción de economías territoriales sostenibles. Las zonas rurales, muchas de ellas ricas en recursos naturales no logran retener a su población, las cuales se desplazan hacia ciudades que, a su vez, crecen de manera desordenada, presionando servicios básicos e incrementa las brecha entre producción y gasto, lo cual debilita su desarrollo armónico.
A inicios del siglo XXI, la anemia infantil en el Perú afectaba aproximadamente al 50% de los niños menores de tres años. Dos décadas después, pese al crecimiento económico sostenido, al incremento del presupuesto público y a la descentralización fiscal, la anemia sigue afectando a cerca del 40% de los niños a nivel nacional, con niveles críticos en regiones con tradición minera como es el caso de Cajamarca.
El país ha crecido, ha gastado más y ha redistribuido recursos, pero no ha logrado resolver uno de los problemas más elementales de desarrollo humano. 
Sin embargo, existe una paradoja aún más profunda y menos discutida que es el agua. En el contexto global, el agua es considerada el petróleo del siglo XXI, un recurso estratégico para el desarrollo, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad.
El Perú, es un país privilegiado en disponibilidad de agua dulce a nivel global; no obstante, millones de peruanos aún carecen de acceso y disponibilidad adecuados al agua para consumo humano. Gran parte del recurso hídrico se pierde por falta de infraestructura, mala gestión, contaminación y ausencia de ordenamiento territorial. Así, un país con abundancia hídrica convive con escasez en sus ciudades y zonas rurales. Esta paradoja del agua no es distinta a la de los recursos minerales.
El Perú, pese a poseer importantes reservas de cobre, oro y minerales críticos que serán fundamentales para la transición energética global, sin embargo, por la experiencia demostrada en las últimas décadas, se acredita que la sola existencia de estos recursos no garantiza su desarrollo sostenible. Al igual que ocurre con el agua, la riqueza potencial no se traduce automáticamente en bienestar para la población.
Al cruzar las variables de PBI, población, presupuesto, anemia y acceso al agua, el caso peruano muestra precisamente la ausencia de este enfoque integral. 
Por un lado, existe un Perú productivo, representado por regiones que generan más riqueza de la que reciben en presupuesto público. Por otro lado, un Perú dependiente, conformado por regiones donde el gasto estatal supera la capacidad productiva, pero sin lograr traducirse en bienestar tangible. Y en ambos casos, la persistencia de la anemia y las brechas en acceso al agua evidencian que ni la generación de riqueza ni el incremento del gasto han bastado para mejorar las condiciones básicas de vida. 
Un caso ilustrativo es el de las regiones con canon minero o gasífero, como Áncash y Cusco. Estas presentan un aparente equilibrio entre producción y presupuesto, pero con niveles de anemia y limitaciones en acceso a servicios básicos que evidencian una desconexión entre recursos disponibles y resultados sociales.
Esto confirma que la riqueza natural, ya sea minera o hídrica, no garantiza desarrollo si no está acompañada de instituciones sólidas y gestión eficiente.
En ese sentido, correspondería mejorar el modelo vigente garantizando procesos electorales transparentes que garanticen la construcción de  gobernabilidad y gobernanza con capacidades reales de transformar recursos en bienestar y mejora de calidad de vida en un país que cuenta con un legado histórico y un futuro prometedor.

lunes, 24 de agosto de 2020

Construyendo un nuevo modelo para el crecimiento post COVID-19

En Perú es necesario adecuar un nuevo modelo sistémico para impulsar su crecimiento y desarrollo. La información recabada del proceso epidémico en curso sobre COVID-19, viene confirmando nuestra hipótesis inicial planteada luego de levantar y procesar datos de la epidemia de El cólera -casi tres décadas atrás_ asociados a la salud pública y teniendo como unidad de gestión a la cuenca hidrográfica, de la cual extraemos el nexo agua-alimento y energía como relaciones entre sus elementos que lo conforman.

Factores que influyen en la diferencia de mortalidad por COVID-19

Tanto las epidemias de las enfermedades infecciosas producidas por bacterias (El cólera) o virales (COVID-19) acontecidas en diferentes espacios de cuencas hidrográficas en territorio peruano - con impacto en la salud pública- nos permiten indicar la existencia de factores que marcan la diferencia de mortalidad causadas por estas epidemias, los cuales van estrechamente asociadas con la deficiencia -medidas en términos de acceso y disponibilidad- del agua para consumo humano, alimentación que reduce la capacidad de respuesta del sistema inmunológico,  y energía para la conservación de alimentos.  

Mortalidad como indicador

El cólera dejó en su paso por el Perú 2,909 fallecidos, sin embargo logramos tasas bajas de letalidad , pues menos del uno por ciento de los enfermos, murió; pero la media subía en las zonas rurales y dispersas como en caso de la Selva y Cajamarca, donde subió a 6% y 10%, respectivamente.
Sin embargo, con el actual proceso seguido por la enfermedad infecciosa COVID-19 en Perú, se cuenta con la cifra oficial de 27.453 fallecimientos, desde su aparición en la primera semana de marzo hasta el 22  de agosto del 2020, teniendo el 45% de fallecimientos localizados en la cuenca baja del río Rímac: Lima Metropolitana y El Callao. El otro detalle a tener presente es que de la cifra total de fallecidos, el 98.7 % fueron adultos y adultos mayores, concentrados en esta zona caliente.
La concurrencia de factores ambientales impactados genera una mayor morbimortalidad en la zona cero.
A los efectos de medir la magnitud del impacto en Lima metropolitana y Callao,me apoyaré en el cuadro elaborado por la Universidad Johns Hopkins donde se presenta la mayor cantidad de muertes proporcionalmente a sus casos o población de COVID-19, no necesariamente la mayoría de las muertes en general. En este, el Perú figura en el primer lugar del cuadro entre los veinte países actualmente más afectados por COVID-19 en todo el mundo, las barras en el cuadro muestran el número de muertes por cada 100 casos confirmados (tasa de letalidad observada) o por cada 100.000 habitantes (esto representa la población general de un país, con ambos casos confirmados y personas sanas). 
Perú destaca por el número de muertes debido a COVID-19 por cada 100 mil habitantes en el mundo

Triada ecológica : Agua-alimento-energía

Considerando que en una enfermedad infecciosa viral intervienen tres factores que interactúan entre sí sistémicamente: Virus, Hospedero y Medio Ambiente; identificamos a la falta de recurso agua para uso y consumo humano como un factor decisivo que hace la diferencia en la mortalidad por COVID-19, además de la seguridad y calidad alimentaria, seguido por la carencia de energía en hogares que no hacen posible contar con equipos para mantener refrigerados alimentos perecibles por varios dias, con lo cual las medidas de confinamiento obligatorio o cuarentenas establecidas no resultan eficientes, principalmente en los cordones y bolsones de pobreza extrema, donde se localizan las poblaciones altamente vulnerables, principalmente los adultos y adultos mayores.
El Perú, sabiéndose país megadiverso, descuidó elementos sustantivos inherentes al cambio climático, con los desastres naturales y subsecuentes epidemias como el Cólera y tres décadas después con el Covid-19, que constituyen indicadores de unas deficiencias estructurales que transcurrido un tiempo prudencial tenían que haberse encarado con Políticas de Estado definidas, planes ,programas y proyectos estratégicos priorizados.
En consecuencia, el modelo de crecimiento y desarrollo aplicado, se tornó insostenible, lo que científicamente evidenciamos en las cuencas de la costa y Lima, la ciudad que hoy se encuentra entre las capitales de países más impactadas del mundo por la Pandemia. 

Agenda pendiente

Quienes investigamos los procesos históricos en la región de las américas y especialmente en Perú -haciendo una suerte de prospectiva estratégica- visualizamos este escenario post desastre : un Estado que enajena responsabilidades ante la incapacidad de gestión en sus niveles de gobierno. Nos encontramos en un momento extremadamente crítico, no solo en salud, también la crisis es política, ambiental,social y económica que duda cabe.
En ese sentido, se requiere romper paradigmas y establecer modelos disruptivos para suplir el modelo de crecimiento aplicado que nos llevó a un desarrollo mal entendido, donde la corrupción penetra e inficiona tanto a personas naturales como jurídicas , debilitando la gobernanza y poniendo en riesgo la gobernabilidad del país. 
La Nación demanda de sus integrantes, la conjunción de sus mejores mentes en diferentes especialidades para aplicar en la praxis un modelo de desarrollo en diversos sectores que permita reducir la brecha existente, proceso que demandará esfuerzos de largo aliento, pero que estamos convencidos que por las raíces de nuestra cultura milenaria podremos superar los impases subsistentes, sólo depende de esta generación para que haga viable una mejor calidad de vida a las futuras generaciones, tomando el ejemplo de las pasadas generaciones en la región de las américas y el caribe, especialmente de este hermoso país llamado Perú.

sábado, 4 de abril de 2020

Verdad y honestidad en el retraso de los efectos del COVID-19

En mi última presentación sobre el buen manejo de variables tiempo y espacio para contener al COVID-19, indiqué que la clave es actuar proactivamente al manejar las variables tiempo y espacio en todas las áreas que intervengan para frenar olas similares que distorsionan la actividad humana; lo cual produjo algunas interrogantes por parte de ilustres colegas que paso a explicar a continuación.

Decisiones difíciles por delante y sin respuestas fáciles

El futuro es incierto y difícil de predecir por cuanto existen una serie de variables que la humanidad aún no llega a manejar, sin embargo, estamos en la capacidad de hacer esfuerzos prospectivos para llegar a buen puerto en esta empresa, donde se encuentra involucrado el planeta todo, y particularmente los países de esta parte del continente americano.
Hablé entonces de disciplina social integrada a valores de una sociedad solidaria y tolerante, que demanda una real y efectiva planificación para el control de transmisión de una enfermedad infecciosa.Sin embargo, esta planificación debe sustentarse sobre la verdad de los hechos, la honestidad en el manejo de datos transformados en información científica y no basada en sesgos, subregistros y rumores alarmantes que responden a intereses de colectividades y no al bien común. Entonces el contagio del temor y el miedo se transforman en pánico de masas que duplica esfuerzos, alarga procesos y divide a las naciones.
La comunidad mundial debe reflexionar , en la mejor de las formas , que para salir pronto de esta Pandemia se hace necesario desplegar máximos esfuerzos encaminados a preservar la salud pública de todos los Estados aplicando la cooperación internacional en la solución de este problema transfrontera causado por el COVID-19.

De la teoría a la praxis para retrasar los efectos de la Pandemia

Para explicar este proceso, citaré el artículo titulado "Un llamado a la honestidad en el modelo de Pandemia" publicado en Medium. En el precitado artículo la bióloga molecular Maria Chikina de la Universidad de Pittsburgh y el matemático Wesley Pegden de la Universidad Carnegie Mellon, analizan la premisa de que "si podemos permanecer en el interior, practicar el distanciamiento social extremo y, en general, bloquear partes no esenciales de la sociedad durante varios meses", entonces muchas muertes por COVID-19 pueden prevenirse ". Sobre el particular, rescatando una característica inevitable de los modelos realistas de epidemias, señalan que "La duración de los esfuerzos de contención no importa si las tasas de transmisión vuelven a la normalidad cuando finalizan, y las tasas de mortalidad no han mejorado. Esto se debe simplemente a que , mientras una gran mayoría de la población no esté infectada, levantar las medidas de contención conducirá a una epidemia casi tan grande como sucedería sin tener mitigaciones". Dicho de una forma mas coloquial : "una vez que las tasas de transmisión vuelvan a la normalidad, la epidemia continuará en gran medida como lo habría hecho sin mediar mitigaciones, a menos que una fracción significativa de la población sea inmune (ya sea porque se han recuperado de una infección o porque se ha desarrollado una vacuna eficaz), o porque el agente infeccioso se ha eliminado por completo, sin riesgo de reintroducción." Adicionalmente consideran que "A medida que los esfuerzos de mitigación disminuyan, todavía veremos una epidemia a gran escala, ya que casi ninguna de la población ha desarrollado inmunidad al virus". 
En estricto las conclusiones de modelado indican que "La duración (Tiempo) de los esfuerzos de contención no importa si las tasas de transmisión vuelven a la normalidad cuando finalizan, y las tasas de mortalidad no han mejorado. Esto se debe  a  que mientras una gran mayoría de la población no esté infectada, el levantamiento de las medidas de contención conducirá a una epidemia casi tan grande como sucedería sin tener mitigaciones".  
Otro detalle a tomar en consideración, son los reportes periódicos del estado de situación del avance de la Pandemia socializadas a través del ciberespacio. 
En el siguiente cuadro se puede apreciar información del momento actual en algunos países de latinoamérica, cuya dinámica obedece a las distintas respuestas en función a sus particulares realidades de salud pública.

Datos reportados por los países que son validados como información para toma de decisiones
Se visualiza importantes contrastes en resultados de los hechos, donde en algún caso se podría aplicar la extensión de los análisis desprendidos del modelo precitado :
Ocultar las infecciones en el  tiempo futuro no es lo mismo que evitarlas.
►No es una "cura" sino más bien un retraso de lo inevitable.
No se debe engañar al público presentando historias con falsas esperanzas para motivar el comportamiento a corto plazo; entre otros. 
Por las consideraciones antes expuestas y siguiendo el orden de ideas a los efectos del buen manejo de las variables tiempo y espacio, se aspira poder lograr un consenso científico respecto a la naturaleza del COVID-19, el tratamiento de sus víctimas, su cura y rehabilitación; para que una vez superado este periodo, los esfuerzos de focalicen en reducir los tiempos que demore (meses o tal vez años) la reconstrucción de los países y regiones en los cinco continentes.

sábado, 9 de marzo de 2019

Equipo de gestión en Salud ambiental

Hay amigos que duran toda la vida y hasta trascienden a ella, cuando pierdes a uno de golpe, sientes ese impacto, tan profundo, comparable con la profundidad del cañón del Colca, uno de los más profundos del planeta.
Es el caso del colega y amigo José Luis Carranza Saavedra, con el cual caminamos por diversos ecosistemas del territorio peruano, que involucran la cuenca amazónica.
Pepe Lucho, para los íntimos, dueño de una gran emoción social quedó fascinado con la región San martín, motivo por el cual convocó a su compañera, colega, amiga y esposa Lourdes Inga Rengifo con quien trabajó infatigablemente para mejorar la calidad de vida de poblaciones del Perú profundo.
Como fundadores de la ONG CISCAP - Centro de Ingeniería Sanitaria,Control del medio ambiente y Salud Pública, elegimos como nuestro director a Pepe Lucho y el tiempo nos dió la razón, pues su existencia fue digna y su contribución valiosa para el país. Posteriormente viene a mi memoria el año 1991, con la epidemia El Cólera, mientras el suscrito desempeñaba labor de coordinación nacional de saneamiento y salud ambiental para el Ministerio de Salud, José Luis trabajó incansablemente en San Martín para dar soporte a comunidades nativas en la lucha contra El Cólera.
Un ejemplo de su prolífica labor académica, se da con la sistematización de "Historia de un equipo de gestión en Salud", que en palabras de José Luis, rezaba lo siguiente :
"Si el lector tiene interés, además del aspecto técnico, en el aspecto vivencial y testimonial, le recomendamos leer el libro, donde podrá conocer brevemente el contexto regional, las características personales del equipo de gestión,conocer la historia de cada período de gestión, la cruda realidad de una región con gente pobre que muere entre pájaros y árboles, de gente que vivió en un clima de violencia política y social, en medio de narcotráfico y las luchas campesinas. También encontrará testimonios de actores internos y externos, pues son muchas las contribuciones en este sentido".
Modelo de gestión en Salud sistematizado por José Luis Carranza
"Las partes narrativas y vivenciales tienen el propósito de mostrar la realidad regional, los casos en que nos ha tocado participar como actores o testigos de situaciones difíciles y trágicas en las cuales estaba de por medio la salud y la vida de la gente de San Martín; o intentamos mostrar testimonios de actores que ven la realidad del sector salud en la región San Martín, desde la posición que ocupan en ella. 
Reconstruir los procesos desarrollados dentro del espacio temporal que abarca esta experiencia, ha permitido al equipo afianzar sus propósitos y convicciones, nos ha permitido aprender de nuestra propia experiencia e interpretar el conjunto de cambios y relaciones determinadas en este espacio... y esperamos que sea de provecho a otra regiones, a pesar de las diferencias y realidades distintas".