jueves, 4 de agosto de 2016

¡Cuenca alta amazónica pasó de urgencia a emergencia ambiental!

En nuestros registros del último quinquenio y lo que va del presente año 2016, acreditamos ante la comunidad internacional que la cuenca amazónica correspondiente al territorio peruano, lamentablemente viene escalando un nivel de deforestación por causa de la minería ilegal, que pasa de un nivel de urgencia al grado de emergencia ambiental.
Es así que en Fiebre de oro y minería ilegal ,Ordenamiento minero,Oro amazónico,El precio social del oro ilegal en Perú,Daño ambiental por minería de oro,Madre de Dios y formalización minera,Alerta temprana de contaminación en amazonía por mercurio,entre otros tantos apuntes, dejamos mudo testimonio de como viene degenerándose inexorablemente la cabecera de cuenca amazónica, la cual produce un importante porcentaje de agua dulce de las reservas del planeta.
El proceso de daño ambiental producido, deja atrás las buenas intenciones de compromisos ambientales internacionales que Perú es firmante, también evidencia la incapacidad del ministerio del ambiente peruano para poder acompañar la formalización de los mineros informales; de otro lado, descubre la inoperancia de otros sectores encargados de combatir a la minería ilegal, aquella que actúa por debajo de los radares del ordenamiento legal y la justicia en espacios donde la presencia del Estado peruano no alcanza a llegar plenamente.La nueva administración del gobierno peruano tiene en su agenda pendiente por resolver este latente problema, al cual medios de comunicación nacionales como Gestión  o extranjeros como The New York Times,bajo el título "Los mineros ilegales destruyen una reserva natural en Perú", nos recuerdan con la siguiente crónica actualizada la tarea por hacer en la frontera de la reserva nacional de Tambopata en Perú :
Avance de la deforestación actual (2016) en la frontera de la Reserva Nacional de Tambopata
"La redada comenzó al amanecer. En cuatro botes pequeños de madera, mientras revisaban una y otra vez sus armas automáticas, los guardaparques y marinos peruanos se dirigieron sigilosamente hacia los mineros que extraen oro de manera ilegal.
No llegaron muy lejos. Después de la primera curva había un  campamento desordenado de mineros: unas lonas sobre tres postes. De pronto los marinos estaban disparando al aire, los mineros y sus familias huían, y los guardaparques avanzaban con sus machetes.
Rompieron bolsas de arroz y barriles de plástico con agua potable, patearon los juguetes y rompieron las herramientas antes de quemarlo todo. En lo más alto de la selva amazónica, una región que es el hogar de árboles de más de 1000 años, las gruesas columnas de humo negro se elevaban en espiral hacia las nubes.
Para intentar proteger uno de los lugares con mayor diversidad biológica de la Tierra de un ejército de mineros ilegales que ha labrado un camino tóxico a través de la selva, el gobierno peruano monta puestos de control y organiza redadas a lo largo del río Malinowski en la Reserva Nacional Tambopata.
Sin embargo, hay expertos que se preguntan si no es muy poco lo que hacen y si es demasiado tarde.
Para llegar a la región donde el gobierno peruano intenta combatir la minería ilegal, caminé nueve horas y media por la jungla, a veces con el agua hasta las axilas. Pero toda sensación de estar en la naturaleza prístina se acabó al llegar a la orilla del río.
Los mineros han causado tanto daño que el agua tiene el color del café con leche. El paisaje era digno de la película Mad Max: enormes cráteres de arena, montículos de piedras y canales envenenados por todas partes. Basura (harapos, bolsas de plástico, recipientes para comida) entre las ramas recién cortadas que estaban apiladas en los recovecos y las riberas del río.
Con el precio del oro en alza desde hace años, la minería ilegal se ha incrementado en muchos lugares de América Latina, no solo en Perú. Sin embargo, en este país —uno de los mayores productores mundiales de oro— la situación se ha complicado bastante.
Las cantidades de oro que han extraído los mineros ilegales de Perú son las más cuantiosas de toda América Latina. Y la explotación aumenta tan rápido que los ambientalistas creen que existen pocas posibilidades de preservación, incluso en una reserva tan apartada como esta que es el hogar de miles de especies de plantas y animales, muchas de las cuales no han sido identificadas por el hombre.
Para los expertos, la minería ilegal puede llegar a ser aún más destructiva que la minería corporativa. Mientras que las empresas suelen concentrarse en áreas con vetas subterráneas de oro, dicen, los mineros se movilizan rápidamente a lo largo de vastas porciones del territorio. Arrasan con la selva para colar cerca de 200 toneladas de tierra y encontrar suficientes pepitas de oro para un solo anillo de matrimonio.
Si la ayuda no llega pronto, los expertos aseguran que las áreas que dejan a su paso, sin nada de tierra fértil y llenas de mercurio, podrían tardar 500 años en recuperarse.
Los mineros usan tanto mercurio para procesar el oro que, en mayo, el gobierno declaró una emergencia sanitaria en gran parte de la región de Madre de Dios. Las pruebas aplicadas en 97 pueblos demostraron que más del 40 por ciento de la gente había absorbido niveles peligrosos de ese metal pesado. El envenenamiento por mercurio afecta a las personas de diversas maneras, desde dolores crónicos de cabeza hasta daño renal, pero es más perjudicial para los niños, quienes tienen más posibilidades de sufrir un daño cerebral permanente.
“Las siguientes generaciones pagarán por lo que estamos haciendo ahora”, dijo Manuel Pulgar Vidal, ministro de Ambiente de Perú. ( Elsa Galarza Contreras asumió funciones como nueva ministra de Ambiente a partir del 02 de Agosto del 2016).
Las estadísticas no especifican la cantidad de personas que se dedican a la minería ilegal pero Víctor Torres Cuzcano, un economista de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, calculó que la minería informal aumentó un 540 por ciento entre 2006 y 2015, mientras que la producción legal, que paga impuestos, cayó 28,5 por ciento.
La deforestación que provoca la minería de oro se aceleró de 2165 hectáreas al año antes de 2008, a 6143 hectáreas anuales después 2008, cuando la crisis financiera global elevó los precios del oro.
Cuando estaba intacta, la reserva de Tambopata era una zona sin caminos, en parte selva y sabana, con un tamaño cercano a Rhode Island. Ahora las fotos satelitales muestran manchas claras en la reserva y hay tanta actividad minera que el río Malinowski —llamado así por el explorador polaco Bronislaw Malinowski— ha desbordado la ribera y se ha vuelto más ancho y menos profundo. En las áreas donde trabajan los mineros, dicen los guardaparques, el agua está tan contaminada que ya no hay peces.
Algunos defensores del medioambiente dicen que la reserva está perdida. Los primeros indicadores sugieren que tiene mucho oro, en especial si se le compara con otras partes de este remoto estado, como el área reservada oficialmente para la minería informal y la “zona colchón” que rodea la reserva Tambopata.
“En el corredor minero oficial se obtienen entre 12 y 18 gramos al día”, dice Víctor Hugo Macedo, quien supervisa la reserva. “En la zona colchón entre 60 y 80 gramos, y en la reserva se obtienen entre 150 y 200. A los mineros les preocupa más eso que lo que sucede en Tambopata”.
El gobierno ha intentado implementar distintas políticas para frenar la minería ilegal, dijo Pulgar Vidal, como los controles sobre la cantidad de combustible que llega a la región. Sin embargo, reconoció que esas medidas no habían sido exitosas. Las autoridades tributarias de Perú estiman que, solo entre febrero y octubre de 2014, se han contrabandeado fuera del país más de mil millones de dólares en oro.
Los funcionarios dicen que la corrupción y el crimen organizado impulsan la minería ilegal, y muchos de los campamentos son, en esencia, comunidades sin ley donde florece la esclavitud laboral y el tráfico sexual.
Pulgar Vidal espera que la presencia constante de marinos armados y las redadas persuadan a los mineros para que abandonen la reserva, pero los críticos son escépticos. Algunos sugieren que el gobierno no está interesado realmente en detener a los mineros ilegales.
Algunos políticos peruanos argumentan que los mineros, muchos de los cuales pertenecen a comunidades indígenas, tienen derecho a ganarse la vida, una postura que ha obtenido adeptos en un país donde millones viven debajo de la línea de la pobreza.
De cerca, las redadas parecen destinadas al fracaso. Los marinos y guardabosques son inferiores en número y no cuentan con los recursos necesarios. Incluso llegar a sus puestos es un reto. Los mineros controlan las mejores rutas, lo que las vuelve demasiado peligrosas, incluso para los soldados armados. Así que en un día lluvioso caminamos por un sendero angosto desde que amaneció hasta la tarde, pero cuando se inundó en varios tramos, los soldados ni siquiera tenían radios para pedir ayuda.
Todos caminábamos con cuidado por el agua llena de desechos cuando, de pronto, la selva se convirtió en un lago turbio. Con el peso de las mochilas llenas de agua, los soldados llevaban sus armas sobre la cabeza y evitaban hundirse, pero no siempre lo lograban.
El fiscal que los acompaña en las redadas se había adelantado en una moto. Pero eso es un lujo. Los guardaparques solo tienen cuatro motocicletas para cerca de 100 hombres distribuidos en dos puestos de avanzada a lo largo del río.
Sin embargo, se calcula que existen entre 5000 y 10.000 mineros ilegales en la zona. Después de algunas redadas, los marinos se quedaron sin dinamita y recurrieron a una táctica menos sofisticada: usaron mazos para destruir los motores de camión que usan los mineros para mover sus grúas.
Los botes utilizados en las redadas no son más veloces que los de los mineros, y sus motores suelen ahogarse. Aunque todavía no había violencia, una sensación de amenaza flotaba en el aire. A veces los mineros estaban en las orillas del río, abrazando sus armas, mientras los marinos y los guardabosques pasaban navegando.
Un marino llamado Carlos Moscoso Garcés dijo que solo era cuestión de tiempo para que comenzaran los problemas. Los mineros no le dan demasiada importancia a las redadas ocasionales, pero ¿qué pasará cuando aumenten los costos para remplazar el equipo de minería destruido? “Entonces”, aseguró el militar, “quién sabe qué van a hacer”.
En un pequeño campamento, una mujer le suplicó a los soldados que no destruyeran su hogar. Les dijo que solo era una madre soltera que quería ganarse la vida, así que separaron algo de su comida antes de incendiar todo lo demás.
Río abajo, cuando los soldados hicieron una hoguera con varias motocicletas que habían decomisado, un joven intentó tomar la suya. Cuando lo obligaron a ponerse de rodillas les contó a los soldados que solo estaba visitando a sus amigos, una historia que nadie le creyó. Sin embargo, no lo arrestaron. Ni a él ni a nadie más.
A kilómetros de la autopista más cercana y sin instalaciones para albergar prisioneros, la logística impide que se hagan arrestos. A menudo las personas no tienen identificación y son liberadas después de recibir una llamada de atención.
Los marinos son realistas. Cuando pasaron por un gigantesco campamento lleno de antenas parabólicas y postes de viviendas en construcción, siguieron navegando en busca de un objetivo más manejable.
Para el final del día, las redadas habían destruido dos docenas de asentamientos y 15 grúas mineras, e invadieron campamentos mineros mucho mejor equipados que los suyos. A lo largo del camino, los soldados también se “sirvieron”: se llevaron un refrigerador, una antena parabólica, una videograbadora, un televisor, un balón de fútbol, un cachorro y un lechón para la cena.
Por la noche, escuchamos el ruido de las grúas que volvían a funcionar".