La
reunión sostenida hoy 25 de agosto del 2026 en Santiago entre autoridades chilenas y representantes
del Parlamento Andino, entre ellos el parlamentario andino peruano Jahn
Toledo Palomino, adquiere especial significado cuando se observa a la luz
de una oportunidad estratégica que Perú y Chile comparten: ambos países
producen cerca del 40 % del cobre mundial.
En un contexto en que la
electrificación, la electromovilidad, las energías renovables, las redes
eléctricas, los centros de datos y la inteligencia artificial están impulsando
la demanda de este metal, esta posición constituye mucho más que una ventaja
minera: representa una ventaja geopolítica, económica y tecnológica.
En
este escenario surge el Proyecto 51, iniciativa que plantea elevar la
participación conjunta de Perú y Chile hasta el 51 % de la oferta mundial de
cobre en los próximos años. Pero su verdadera importancia no debería reducirse
a producir más toneladas. El desafío consiste en aprovechar ese liderazgo para avanzar
desde la exportación de concentrados hacia una mayor transformación del cobre, incorporándolo
a la fabricación de cables, componentes eléctricos, electromovilidad,
infraestructura energética y productos tecnológicos.
Para
el Perú, esta oportunidad exige mirar más allá de la minería. Tenemos reservas,
experiencia, profesionales, ubicación estratégica frente al Pacífico y una
importante cartera de proyectos; Chile posee una gran capacidad productiva y
experiencia internacional. La cooperación entre ambos países puede permitir que
esas fortalezas se complementen, siempre que el Proyecto 51 incorpore también
innovación, infraestructura, energía competitiva, gestión responsable del agua,
protección ambiental y generación de empleo y conocimiento.
Desde
Desmitificando la minería en el Perú, considero que allí se encuentra el
verdadero desafío. El Proyecto 51 no debería ser entendido ni como una bandera
propagandística de la minería ni como una iniciativa que deba rechazarse por
principio, sino como una oportunidad que merece ser discutida con visión de
largo plazo.
En este contexto, con el Proyecto 51 se podría conseguir que una proporción
mucho mayor de la riqueza, la tecnología, el empleo y el conocimiento generados
por ese cobre permanezca en nuestros países y contribuya al bienestar de
nuestros pueblos. El cobre puede convertirse de esta manera en un punto de
encuentro entre Perú y Chile y, por qué no, en un nuevo instrumento de
integración latinoamericana que fortalezca las capacidades que ostenta el
Parlamento Andino de cara al futuro.

