La minería artesanal y la pequeña
minería constituyen una realidad económica y social de gran importancia para el
Perú y los países de la región andina. Su contribución a la generación de
empleo, los ingresos familiares y las economías territoriales contrasta, sin
embargo, con dificultades estructurales relacionadas con la informalidad, el
acceso a derechos mineros, las limitaciones tecnológicas, la seguridad de las
operaciones y los impactos ambientales.
Por consiguiente, es preciso formalizar
para producir mejor, agregar valor para generar desarrollo e integrar
capacidades para construir una minería responsable y competitiva en la región
andina.
Esta formalización requiere una mirada integral que permita superar las
barreras administrativas y promover una verdadera transformación productiva. Los
espacios de análisis y evaluación de la importancia y del proceso de
formalización de la minería artesanal en el Perú han permitido reconocer que
esta problemática no puede abordarse exclusivamente desde la perspectiva
normativa. Es necesario considerar las condiciones económicas y sociales de los
productores, las comunidades vinculadas a la actividad minera, las dificultades
para acceder a concesiones y contratos de explotación, así como las
características de los circuitos de producción y comercialización del oro y el
cobre.
En este escenario, la propuesta de la nueva Ley de la Pequeña Minería y
Minería Artesanal (Ley MAPE) y la creación del Organismo Nacional para el
Fortalecimiento de la Pequeña Minería y Minería Artesanal (FORMAPE) representan
una oportunidad para superar las limitaciones del Registro Integral de
Formalización Minera (REINFO) y avanzar hacia una institucionalidad permanente,
con mayores capacidades de asistencia técnica, autorización, fiscalización
ambiental y trazabilidad. Sin embargo, el éxito de esta transformación
dependerá de que la formalización sea una ruta viable para los productores y,
simultáneamente, una garantía de cumplimiento de las obligaciones legales,
ambientales, laborales y de seguridad.
Esta nueva
visión pasa por entender a la minería artesanal y pequeña minería desde el enfoque de
cadena de valor. La actividad no comienza ni termina con la extracción
del mineral: comprende la identificación y aprovechamiento del recurso
geológico, la explotación, el beneficio y procesamiento, el transporte, la
comercialización y, progresivamente, la incorporación de servicios
tecnológicos, financieros y logísticos. Formalizar cada uno de estos eslabones
permitirá conocer el origen de los minerales, mejorar la productividad, reducir
pérdidas e impactos ambientales, generar empleo de calidad y asegurar que una
mayor proporción del valor económico permanezca en las localidades y regiones
productoras.
Oportunidades que brindan el oro y el cobre
El oro y el cobre presentan oportunidades productivas
diferenciadas. En el caso del oro, resulta prioritario fortalecer la
trazabilidad, mejorar las tecnologías de beneficio, eliminar progresivamente el
uso de mercurio y garantizar canales transparentes de comercialización.
En el
cobre, la creciente demanda mundial asociada a la electrificación, las energías
renovables y la transición energética abre posibilidades para integrar a
pequeños productores en cadenas de suministro formales, siempre que existan condiciones
geológicas, tecnológicas, ambientales y económicas adecuadas.
Ambos minerales
pueden contribuir a diversificar las economías territoriales, fortalecer
proveedores locales y promover nuevas oportunidades de inversión y desarrollo.
Esta
reflexión adquiere una dimensión regional cuando se considera que Bolivia,
Colombia, Chile, Ecuador y Perú enfrentan desafíos comunes, aunque con
diferentes marcos institucionales y experiencias de organización productiva.
La
cooperación entre los países miembros del Parlamento Andino permitiría
intercambiar buenas prácticas de formalización, asistencia técnica,
trazabilidad, innovación tecnológica y comercialización responsable. También
ofrecería oportunidades para identificar mecanismos de articulación de las
cadenas de valor del oro y el cobre, fortaleciendo la participación de los
pequeños productores en los mercados regionales e internacionales.
Espacios promovidos por el parlamento Andino
En esta
tarea, el Parlamento Andino puede contribuir promoviendo espacios de diálogo y
cooperación entre los gobiernos, universidades, colegios profesionales,
organizaciones de productores, empresas y sociedad civil organizada.
La
integración regional no debe limitarse a la armonización de normas: debe
facilitar el intercambio de conocimientos, el desarrollo de capacidades y la
construcción de oportunidades productivas compartidas.
En estricto, la
transición del REINFO al FORMAPE no debe medirse únicamente por la cantidad de
operadores formalizados ni por la creación de una nueva entidad pública. Su
verdadero resultado deberá reflejarse en una minería artesanal y pequeña
minería más productiva, segura, ambientalmente responsable y articulada a
cadenas de valor transparentes y competitivas. En este contexto, la formalización debe permitir
producir mejor, agregar valor, generar oportunidades en los territorios y
fortalecer la integración económica de nuestros países.

